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SOMOS

La misión de la Fototeca de Cuba es contribuir con un trabajo sistemático y especializado al desarrollo de la fotografía cubana, como una forma de expresión de nuestra cultura nacional. Promover el patrimonio fotográfico que contiene en su colección y divulgar las diversas manifestaciones de la fotografía cubana tanto en Cuba como internacionalmente y dar a conocer los mejores valores de la fotografía internacional en Cuba, favoreciendo el aprendizaje entre los fotógrafos y el público cubano en general. 

OBJETIVOS 

  • Conservar, catalogar, difundir y reproducir con fines promocionales las obras contenidas en la colección.
  • Incrementar el acervo fotográfico de la institución.
  • Investigar la historia y el desarrollo técnico de la fotografía nacional e internacional.
  • Valorar las especificidades estéticas de nuestra fotografía desde sus inicios hasta la contemporaneidad.
  • Estimular la creación de nuestros fotógrafos contemporáneos, así como la realización de investigaciones que sean de interés para la institución y para el Arte Cubano en general.
  • Desarrollar un público sensibilizado y receptivo a las características del lenguaje fotográfico.
  • Analizar las inquietudes de los jóvenes y aficionados, así como propiciar su vinculación al medio.

HISTORIA

(Tomado del texto “Un poco de historia sobre la fototeca” publicado en el No.1 de la revista Fotografía Cubana)
El primer trabajo investigativo que reunió una verdadera retrospectiva de la fotografía cubana lo realizó María Eugenia Haya (Marucha) a partir de 1973, con la colección de fotos «viejas» que ella y Mario García Joya (Mayito) le compraban a unos amigos de su vecino pintor Eduardo Michelsen, que vivía en la esquina de las calles 15 y 22, en El Vedado.
Estos amigos de Michelsen, a su vez, eran amigos de muchas otras personas que vivían en las suntuosas casonas de El Vedado, ya fueran sus antiguos propietarios o los sirvientes que quedaron viviendo en muchas de ellas. Poco a poco, se fue corriendo la voz y otros vecinos comenzaron a venderles fotos en 5, 10 ó 15 pesos, según la necesidad del vendedor. Con el tiempo, muchos de ellos comenzaron a regalárselas, al ver el aprecio que Marucha y Mayito sentían por estas imágenes.
Fue así como, a través de esas impresiones fotográficas «originales» tuvieron conocimiento de la depurada técnica de Joaquín Blez, del adelantadísimo sentido del diseño de José Manuel Acosta, de los exquisitos paisajes de J. A. Soroa, de la existencia de los estudios de Otero y Colominas, y de muchos otros importantes fotógrafos cubanos que hasta entonces para ellos sólo habían sido leyendas o desconocidos.
Estimulada por la riqueza que evidenciaba el incipiente cúmulo de esas imágenes, Marucha se propuso realizar una investigación a fondo que le sirviera de base a ambos para la futura tesis de graduación en la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana. Finalmente, la facultad no incluyó el requisito de la tesis para ese curso, pero ya comprometida emocionalmente con toda aquella extraordinaria historia que se iba revelando, Marucha continuó su trabajo.
                                                               (…)
En 1982 Marcia Leiseca, a la sazón viceministra de Cultura, visitó la exposición Fotografía Iberoamericana, presentada por la curadora suiza Erika Billeter en Madrid y donde se utilizaba material de la investigación de Marucha. A su regreso, le propuso la dirección del recién creado departamento de fotografía del Museo Nacional, pero esta no fue aceptada. La comprensión de las especificidades de la fotografía continuaba siendo imprecisa y esta seguía valorándose según categorías que se tomaban prestadas de la plástica convencional. De ese error partía la falta de interés por la obra fotográfica, la que era subestimada por su repetibilidad y por ser realizada por procedimientos mecánicos, entre otras razones. En ese contexto, Marucha y Mayito consideraron que les sería sumamente difícil decidir sobre los asuntos tan particulares que les formulaba la fotografía como forma creativa de expresión. Ellos tenían diseñada toda una estrategia para el desarrollo de la «fotografía de autor» que apuntaba hacia tres direcciones: el fotógrafo, las imágenes y el público; aspectos planteados como subconjuntos autónomos, con problemáticas y necesidades diferenciadas y con cierta independencia del resto. Para ellos, la fusión de esas tres direcciones, en lo que podría llamarse el universo de la fotografía, produciría un desarrollo orgánico capaz de garantizar progresos irreversibles. Entonces Marcia Leiseca les propone crear una institución especializada en fotografía: la Fototeca de Cuba.
Antes de contar con una sede, la Fototeca comenzó a ser organizada en la casa de Mayito y Marucha, en la esquina de las calles 19 y 24, en El Vedado. Ellos habían acordado con Marcia que organizarían, fundarían y echarían a andar la Fototeca hasta su completa consolidación, pero que luego regresarían a sus ocupaciones como creadores.
(…) Se trabajó con denuedo. Se empezó a idear la política de trabajo, así como a organizar toda la información y el material fotográfico que iría para la bóveda, el cual incluía todo el material recopilado por Marucha además de la obra de José Manuel Acosta, donada gentil y desinteresadamente a ella por su hijo, Leonardo Acosta. Simultáneamente, se curaba e imprimía la primera exposición con la que se inauguraría la Fototeca: A trocha y mocha de Constantino Arias.
 Entretanto Marcia se ocupaba de conseguir la sede, el mobiliario, y de todos los pormenores necesarios para oficializar la creación de la nueva institución, así como de asegurar, hasta el más mínimo detalle, los recursos materiales para su funcionamiento. René Azcuy diseñó el logotipo. Gracias a las gestiones de José Luis Rodríguez, responsable entonces de la Sala Transitoria del Museo Provincial de Santa Clara, la placa de identificación que aún se conserva a la derecha de la puerta principal de la Fototeca se hizo en la Industria Nacional Productora de Utensilios Domésticos (INPUD) de esa ciudad; el procedimiento utilizado fue el mismo que se empleaba para hacer las planchas esmaltadas de las cocinas de gas. Así, poco a poco, se fue ultimando cada detalle para garantizar la arrancada.
Marucha y Mayito se plantearon como superobjetivo esencial contribuir con un trabajo sistemático y especializado al desarrollo de la fotografía cubana como una forma creativa de expresión de nuestra cultura nacional (…)
La Fototeca de Cuba se inauguró el 15 de noviembre de 1986 en el número 307 de la calle Mercaderes, en la Plaza Vieja; Marucha era su directora. Mayito y ella diseñaron minuciosamente una concepción y organización del trabajo muy peculiares. Por ejemplo, resultó muy importante contar con el personal estrictamente necesario, y que cada uno fuera capaz de asumir varias ocupaciones con independencia del nombre o calificación de su plaza.
Fotógrafos, artistas y especialistas que no fueron empleados de la Fototeca participaron de sus múltiples tareas y actividades. Erena Hernández, Pedro P. Sarduy, José Veigas y Jorge Macías escribieron las presentaciones de algunas exposiciones de la Fototeca. Jorge de la Fuente hizo textos relacionados con la fotografía y para algunas de las exhibiciones, y también participó en varios conversatorios sobre la obra de los fotógrafos expositores. José Luis Rodríguez escribió y colaboró con algunas curadurías, al igual que lo hizo Juan Antonio Molina, aún antes de pasar a trabajar en la Fototeca. Asimismo, Yanitzia Canetti produjo textos para las exposiciones y artículos de promoción en la prensa.
                                                             (…)
De vital importancia fue la colaboración y asesoría brindadas por la Fototeca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con sede en Pachuca, México, y especialmente por su director entonces, Eleazar López Zamora. Esta institución brindó una valiosa asesoría técnica para la conservación, limpieza y catalogación del material fotográfico existente en los fondos de la institución cubana, los cuales eran utilizados de manera sistemática para realizar exposiciones. Tres de los especialistas de la Fototeca del INAH realizaron aquí un taller de conservación de materiales fotográficos de los siglos XIX y XX. La Fototeca de Cuba imprimió un folleto titulado Conservación y restauración de las colecciones fotográficas, cuya reproducción fue autorizada y facilitada por la entidad mexicana.
                                                              (...)
En los primeros cinco años de fundada, la Fototeca organizó exposiciones personales de un buen grupo de fotógrafos y artistas cubanos: José Manuel Acosta, Tito Álvarez, Constantino Arias, René Azcuy, Mario Díaz, Sebastián Elizondo, José A. Figueroa, Rogelio López Marín (Gory), Abelardo Rodríguez, Rigoberto Romero, Alfredo Sarabia y Rubén Torres Llorca se encuentran entre ellos. También hubo una enorme representación del acontecer fotográfico internacional en muestras personales y colectivas. De las exhibiciones de autores extranjeros fueron relevantes las de Alicia Ahumada y David Maawad, Bill Brandt, Anne Marie Heinrich, Graciela Iturbide, Tina Modotti, Mark Pokempner, Pia Ranzato, Alexander Rodchenko, Mell Rosenthal y la primera exposición de Sebastián Salgado en Cuba.
                                                             (…)
Así estaban las cosas cuando en 1991 fallece Marucha. Al morir, dejó una institución consolidada, con un trabajo especializado reconocido entre fotógrafos, artistas e intelectuales, y con un reconocimiento y prestigio internacionales. La Fototeca de Cuba había sido protagonista de algunas de las exposiciones que marcaron hitos en el panorama de la plástica cubana de esos años. Ya no era sólo una casa de la fotografía, sino un centro cultural de singular importancia. Éste fue su último gran legado a nuestra cultura.
Gracias al trabajo y a la constancia de otros equipos que le sucedieron, la Fototeca de Cuba continúa hoy la noble tarea de custodiar y difundir lo más representativo y valioso de la fotografía.